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Ángela y
MANUEL IGNACIO LOU CALVO son ahora amigos
Sobre mí

Cuerpo, presencia y vida vivida.
Acompaño a las personas en su camino de vuelta al cuerpo para que, desde ahí, puedan volver también a sí mismas.
Soy asturiana de nacimiento y extremeña de corazón. Desde hace años vivo en Llerena (Badajoz), un lugar que siento profundamente como mi hogar.
Antes de dedicarme al yoga fui geóloga y trabajé durante diez años en Portugal. Más tarde me reinventé profesionalmente adentrándome en el mundo del diseño web, la comunicación y el acompañamiento a profesionales del bienestar.
Mirando atrás, me doy cuenta de que todos esos caminos tenían algo en común: la curiosidad por comprender cómo funcionan las cosas y el deseo de acompañar procesos de transformación.
En paralelo, mi propio camino personal me llevó a buscar respuestas en el cuerpo. Durante años me acompañaron diferentes terapeutas y disciplinas como el yoga, la danza, el Reiki o las Constelaciones Familiares. Algunas de ellas también formaron parte de mi formación, pero fue el yoga el que terminó convirtiéndose en mi lugar.
El yoga llegó a mi vida cuando tenía diecisiete años. Nunca tuve una práctica perfecta ni constante. Durante mucho tiempo fui y vine, alejándome y regresando una y otra vez. Sin embargo, siempre que volvía a la esterilla sentía la misma sensación: estaba en casa.
Quizá por eso hoy confío tanto en los procesos reales de las personas. Porque sé que el camino no siempre es lineal y que cada uno encuentra su momento para volver a sí mismo.
Actualmente acompaño grupos de yoga desde una mirada integradora que une el movimiento, la respiración, la regulación del sistema nervioso y la Medicina Tradicional China, disciplina en la que continúo formándome y que está enriqueciendo profundamente mi manera de entender el cuerpo.
Me interesa especialmente escuchar el lenguaje del cuerpo. Entender que un dolor, un síntoma o una enfermedad no son solo algo que haya que corregir, sino también una forma en la que el organismo expresa aquello que necesita ser visto, atendido y cuidado.
Sigo aprendiendo cada día. Después de tantos cambios de profesión, de ciudad y de vida, hay una certeza que permanece intacta: siempre que vuelvo al cuerpo, siento que vuelvo a casa.
Y eso es precisamente lo que intento ofrecer a las personas que llegan a mis clases.
No enseño yoga para hacer mejor las posturas. Enseño yoga para que las personas puedan habitar su cuerpo con más presencia, más amabilidad y más verdad.
